El Mitógrafo Segundo
nos hace una aclaración con respecto a un evento referido tangencialmente por
el Mitógrafo Primero. En su relato sobre la Feria Anual del Liceo Manuel Barros
Borgoño, el Mitógrafo Primero describe algunas de las actividades realizadas
aquí: el tiro al blanco, el lanzamiento del tronco, el lanzamiento del enano,
el duelo con espada, etc. Se destaca el concurso de belleza, durante el cual
«los donceles vestían trajes de doncella» para competir y escoger a la «Señorita
Borgoñina». La actividad aclarada por el Mitógrafo Segundo es la del
lanzamiento del diario mural. Los lanzamientos parecen haber sido populares en
la Feria Anual, pero el Mitógrafo Segundo alega que esta actividad no era parte
de ella y que fue inventada para camuflar una historia que envolvía al poeta
Sísifo del Maule.
Se cuenta la historia de que, entre las actividades de la
Feria Anual del Liceo, mejor conocida como Semana Borgoñina, se habría
celebrado una llamada «lanzamiento del diario mural». Es un hecho que esta
actividad suena muy similar al «lanzamiento del enano», una competencia
extraoficial, pero sumamente popular y tradicional. A diferencia de esta, el
«lanzamiento del diario mural» nunca fue una competencia oficial ni
extraoficial. Como cuentan los profesores más antiguos, el origen de esta
legendaria competencia se remonta a principios del siglo, cuando Sísifo del
Maule fue alumno del Liceo.
Se dice que Sísifo mantenía una mala relación con don
Estulto Palta, profesor de gimnasia, y que esto había llevado a Sísifo a
ofender al profesor incluso sin tener la intención de hacerlo. Se dice que así fue
porque cierto día, ya cerca del fin del año escolar, Sísifo y su buen amigo
Tertulio se encontraban en la Sala 3 escribiendo un informe para la asignatura
de filosofía medieval. Había un maltrecho diario mural sobre el muro opuesto al
del pizarrón. Este diario mural consistía de un gran rectángulo de plumavit
cubierto con una delgada tela negra. A esas alturas del año, el diario mural
pendía de uno solo de los cuatro clavos que lo habían adherido a la pared
inicialmente. Viendo esto, Sísifo recibió una inspiración. Miró el diario mural
colgando, miró a su alrededor y le dijo a Tertulio: «guarda tus cosas, nos
vamos». Se lo dijo con un énfasis que connotaba apresuramiento y Tertulio supo
leer con claridad esta intención, de modo que guardó rápidamente sus cosas. Sísifo
guardó con rapidez sus papeles en el bolso y rápidamente se dirigió hacia la
parte trasera de la sala, depositando su bolso sobre una mesa de este sector.
Tertulio se puso de pie y caminó hacia la puerta que daba al fondo de la sala.
Sísifo caminó ágilmente hasta la pared del fondo, rodeó lo
más ampliamente que pudo el diario mural colgante y lo arrancó. Colocó el
diario mural sobre su hombro derecho y comenzó una breve carrera hacia el muro
de las ventanas, que estaban abiertas por ser tiempo de estío. Al ver esto,
Tertulio comenzó a gritar desde la puerta: «¡No! ¡Qué estái haciendo! ¡No!»
Sísifo lo ignoró y arrojó el diario mural a través de la ventana. De inmediato
se volteó y comenzó otra carrera hacia donde estaba Tertulio, gritándole
«¡vamos, corre!» En la carrera recogió y su bolso y ambos bajaron raudamente
por la escalera Norte. Cuando apenas la habían tomado, escucharon que empezaba
a sonar la alarma de un automóvil desde afuera y comenzaron a reírse nerviosa y
ruidosamente mientras corrían escaleras abajo. Una vez en el pasillo, se
dirigieron con rapidez a la biblioteca, ubicada entonces junto a la escalera Sur,
y se encontraron con que otros de sus compañeros estaban ahí ocupados con el
mismo informe sobre el que trabajaban ellos.
Sísifo y Tertulio ocuparon los dos asientos que quedaban
disponibles en la mesa, riéndose con menos ruido que antes, pero todavía sin
control. Tertulio alcanzó a decir, a modo de introducción «este hueón está
loco», cuando Alicio Capricornio cruzó la puerta y caminó directamente hacia ellos.
Alicio era otro de nuestros compañeros y era muy cercano al profesor Palta,
algo así como su protegido o su ayudante o ambas cosas a la vez. Sísifo y
Tertulio contuvieron sus risas por un momento. Alicio les preguntó a todos si
acaso tenían idea de un incidente que acababa de ocurrir: algo de color negro
había sido arrojado desde una sala sobre el automovil del profesor Palta.
Sísifo y Tertulio se miraron con perplejidad, entreviendo la culpa que pesaba
sobre ellos en ese instante. Pero todos negaron tener idea alguna acerca de lo
que estaba diciendo Alicio.
Para Sísifo resultaba sorprendente no solo la rapidez con la
que Alicio había llegado con esa información a la biblioteca y la casualidad de
que lo encontrara a él con Tertulio antes de que a nadie más, sino el
portentoso hecho de que el diario mural hubiera caído precisamente sobre el
automóvil del profesor Palta. Le parecía una conjugación estúpida de
casualidades imposibles y completamente censurables. Nadie, aparte de los que
escucharon el relato de Tertulio en la biblioteca después de que partiera Alicio,
supo que Sísifo era el responsable de tal «atentado»; pero la memoria colectiva
ha querido ser aún más condescendiente y, conociendo la verdad, la ha ocultado
diciendo que existió una actividad llamada el «lanzamiento del diario mural»
entre las competencias de la Semana Borgoñina de antaño.