sábado, 11 de agosto de 2012

Geminitud espiritual

Este testimonio del Mitógrafo Primero ofrece una muestra de cómo se cultiva la amistad y camaradería en el Liceo Manuel Barros Borgoño. Se trata de un caso particular, de modo que no representa la generalidad de las situaciones, pero igualmente resulta útil para ejemplificar esta realidad.

Al Eduardo le costó concordar con que era al menos un poco humillante que la micro fuera llena, pero uno terminara sentado solo. Le tuvo que pasar a él mismo para que entendiera lo que yo había sentido. Porque, cuando le conté que lo mismo me había ocurrido pocas semanas antes, él no había simpatizado con mi sentimiento de inferioridad o desolación. Pues uno se pregunta qué tipo de cruel casualidad ha llevado a que, la micro estando llena de pasajeros, ninguno de los que viajan de pie haya querido sentarse junto a uno y, más aún, haya preferido permanecer de pie a lo largo de un extenso e incómodo viaje. Y llama más la atención que ningún otro pasajero sentado haya corrido la misma suerte. Como un reflejo del fracaso social en el resto de nuestra cotidianidad, los pasajeros de la micro sentenciaron que no merecíamos la compañía de ninguno. Acaso por eso asumíamos que ser amigos era más parte de nuestro destino que una decisión soberana individual. En realidad, yo creo que él lo asumía de la misma manera que yo lo hice, porque comúnmente coincidimos en cuanto a nuestras ideas sin haberlas discutido previamente.

Este es un ejemplo extravagante, por cierto. El Eduardo y yo compartimos una coincidencia espiritual notable. Resulta extraño, por lo tanto, que uno no simpatice con las ideas o sentimientos que comunica el otro, cuando no los adivinamos anticipadamente (porque esto también nos ocurre). Somos personas muy diferentes: escuchamos música distinta, tenemos carreras disímiles, nuestras profesiones están lejos la una de la otra e incluso la forma de ejercerlas es disímil. Pero tenemos una sintonía cuasi idéntica, una coincidencia cercana a la simetría en cuanto a lo que pensamos y una empatía profunda con los sentimientos del otro.

Son contadas, por lo tanto, las ocasiones en que uno no ha simpatizado con el ánimo del otro, como en la situación descrita arriba, o cuando alguno no ha opinado de la misma manera que el otro. Yo, por supuesto, solamente recuerdo aquellas ocasiones en las que ha sido el Eduardo quien no ha concordado conmigo. Las tres tuvieron lugar cuando aún estábamos en el Liceo. Una es la susodicha. Otra es aquella en la que el Eduardo no coincidió conmigo en cuanto al desprecio de las ideas, aunque terminó expresando su convicción en una segunda oportunidad. La tercera ocurrió cuando comenté con amigos en común una situación emocional que el Eduardo consideraba más privada de lo que yo estimé hasta entonces. De modo que resulta visible la regularidad de la concordancia observada a pesar de sus contadas excepciones.

Todo esto podría explicarse a causa del espíritu borgoñino, ese sentimiento especial que atraviesa a quienes guardan con especial cariño su experiencia en el Liceo. No por nada se dice que el Liceo Barros Borgoño tiene una ‘mística’ que atraviesa las generaciones. Fuera de su reconocida tradición, su peso académico, la belleza de su himno, etcétera. Pero entonces, podría alegar, lo mismo debería haber ocurrido con todos nuestros compañeros. Y, sin embargo, solo nos ocurrió a nosotros. De manera que, sin negar la fuerza del espíritu borgoñino, lo descartaré como causa de esta coincidencia anímica. La respuesta debería ser mucho más sencilla, aunque requiere de una condición mucho menos verosímil. Se trata, ni más ni menos, de una geminitud espiritual. Esta condición explica perfectamente las coincidencias anímicas e intelectuales. Pero su improbabilidad resulta desafiante. Aún así, no es imposible. Y creo tener la fortuna de experimentarla con el Eduardo.

sábado, 28 de abril de 2012

Cidemdor Imperator Mundi

Tres poemas de calidad mediocre llamaron mi atención por un rasgo común entre ellos. Cada Mitógrafo recoge uno de los poemas y tanto el Primero como el Tercero se lo atribuyen a Sísifo de Maule, a quien hemos mencionado anteriormente. Los tres poemas tienen un número de veintidós versos que comienzan exactamente con las mismas letras, conformando el acrónimo con el que titulé esta entrada, el cual podemos traducir al castellano como 'Cídemdor Emperador del Mundo'. La historia que inspire estos poemas me es desconocida: parece tomada de alguna epopeya ficticia. Ciertas señales son especialmente obscuras: que Cídemdor sea señor de los ckentos o que venga de un lugar llamado Póstolo. La métrica de los poemas también difiere: el del Primer Mitógrafo imita la cuaderna vía y el del Tercero, la octava real. El poema que nos muestra el Mitógrafo Segundo está compuesto con octosílabos de rima irregular, puesto que solamente riman los versos pares en las primeras dos estrofas (y en la estrofa final) y los impares en la tercera y cuarta; además de que observamos una diferencia en el número de versos para cada estrofa: cuatro para los tres primeros y cinco para los dos últimos. Ninguno de los poemas cuenta con un título y el del Segundo ni siquiera ofrece una atribución. Pero parece plausible que los tres hayan sido escritos por la misma mano, puesto que encontramos no solamente coincidencia en el asunto, sino que también en el léxico: tanto el Mitógrafo Primero como el Tercero aluden al cetro, las riendas y los siete reinos. Parece verosímil, pues, que le demos la atribución de los tres textos a Sísifo de Maule. Esto no contraería problema alguno si no fuera por el tono diferente en la apreciación del personaje aludido en los poemas: mientras que es alabado en los testimonios de los Mitógrafos Primero y Tercero, resulta abiertamente criticado en el del Segundo. Lo último nos inclina a creer que, verdaderamente, el poema del Segundo no fue escrito por Sísifo de Maule. ¿Será posible, pues, que el Mitógrado Segundo haya compuesto su propia versión, respondiendo a lo que conocía desde Sísifo? No parece descabellado proponer que haya sido de esta manera: así justificaríamos esta disimilitud en el tono y entenderíamos la profunda diferencia de opinión entre los textos. Una semejanza que queda sin aclarar del todo es que tanto el poema del Mitógrafo Segundo como el del Tercero comienzan con una uve en lugar de una u en el conjunto de estrofas que conforman la palabra mundi: esto puede deberse a que los redactores conocen la identificación entre la u minúscula (u) y mayúscula (V) romanas o, quizá, a que trabajaron con un modelo que no se preocuparon de verificar o a que consideraron irrelevante hacer la diferencia entre estas dos letras.

Mitógrafo Primero

Testo poético del famoso cantor Sísifo de Maule, quien estudiara en el Liceo Manuel Barros Borgoño.

Como el Sol ahuyentando la obscuridad al alba,
ilumina los reinos el rey conquistador
de los ckentos Señor y de infinita fama.
Estandartes preceden su noble expedición,
mar y tierras recorre y cubre su mirada.
Descanso no conoce de lid ni de fragor,
ocupa con justicia las tierras conquistadas
rigiendo con su cetro según la tradición.

Índice que señala firmemente la tierra,
mano de comandante segura asiendo el cetro.
Pues el mundo completo sus pies devoto besa,
entronizarlo piensa ante los siete reinos.
Rey de siete coronas, tu gloria será eterna:
alabanzas e himnos conservan tu recuerdo.
Toda la tierra era gozosa de tu diestra,
orgullosa de aquel que estableció el imperio,
regio conquistador, maestro en la guerra.

Mirada al horizonte, mano firme en las riendas,
uñas perempolvadas, todo el cuerpo llagado.
Nada lo ha detenido en la expedición cruenta:
doce veces caído, más de cien ha triunfado;
ícono de grandeza, de valor y de fuerza.

Mitógrafo Segundo

Conquistador te llamaron
inconscientes estos hombres
después de testificar
el salvajismo en cohortes.

Matas sin contemplación,
Dios creyéndote del orbe;
oprimes con tal fiereza,
reinas incluso sin nobles.

Intuíste la opción
mirando morir al padre,
perseveraste en tu opinión
embriagado de poder.

Ruinas deja tu invasión
al pasar con sus soldados.
Todo vale tu ambición
o que el mundo desaparezca:
reinas como emperador.

Mentones más inclinados
verás que los viejos reyes.
Nadie osará enfrentarte
diciendo falsas tus leyes:
inclinarse es más sensato.

Mitógrafo Tercero

Poema escrito por Sísifo de Maule.

Cantan con regocijo las montañas
invocando profundos ecos ctónicos
desde obscuras cuevas intrincadas
en honor a aquel que viene de Póstolo,
montando un corcel de riendas doradas:
Dios guarde al Rey de los bárbaros nórdicos.
Obnubílanos su semblante heroico,
remécenos su espíritu piadoso.

Invadió las comarcas extranjeras,
movido por admiración suma
por las admirables obras ajenas.
Exploró los valles y las alturas,
resumiendo dentro de una frontera
ágoras, monumentos y esculturas.
Todos los siete reinos conjugados
obedecen al cetro consagrado.

Reposan sobre su noble cabeza
majestuosamente siete coronas.
Vigoroso cetro ase su diestra,
notorio anillo su mano adorna,
distinguida capa su espalda aferra.
Imperio que cubre todas las costas.
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