viernes, 12 de noviembre de 2010

El mito del Pato Gigante


Mi profesora guía viajó al Próximo Oriente hace algunas semanas. Su objetivo principal era Turquía, donde disfrutó sus vacaciones durante algún tiempo, pero también aprovechó de pasar por un pueblo llamado al-Qurna, al Sur de Iraq. Allí concurrió donde algunos libreros para conseguir ciertos materiales y compró varios textos y manuscritos. Resulta curioso, según ella, que, a pesar de la guerra y la notable disminución del turismo, aún le fue posible compartir vinos de buena calidad con alguno de los libreros. No podría hablar ahora por completo acerca de las conversaciones que sostuvo o de los interesantes productos que vio en el mercado, puesto que no ha terminado de narrármelas y porque otro asunto de interés desvía mi atención ahora. Entre los manuscritos que consiguió, había tres que consistían simplemente en hojas de papel roneo estampadas con tapas duras de color café, notoriamente decolorado en algunas partes por cierto. Lo curioso de estos manuscritos es que estaban escritos en español, razón por la cual ella decidió entregármelos y pedirme que le informara respecto de su contenido, puesto que ella no lee castellano.

Al hacer una primera revisión rápida de los tres manuscritos, me di cuenta de inmediato de que habían sido escritos por personas distintas. O al menos con grafías distintas. Pero definitivamente habían viajado juntos hasta al-Qurna, puesto que los tres trataban temas muy similares: los mismos, de hecho, aunque con versiones ligeramente distintas y no conteniendo siempre las mismas historias. Es curioso observar que ninguno de ellos está firmado, pero tengo la esperanza de encontrar algunos detalles en los textos que me ayuden a identificar a sus autores. Ahora que lo pienso, también sería posible que provengan de un mismo autor y que tres escribas diferentes hayan registrado lo que él narraba con ciertas variaciones. Sin embargo, esta no es más que una especulación que solamente la lectura podrá ayudarnos a aclarar. Estos tres manuscritos, pues, contienen narraciones acerca de hechos extraordinarios ocurridos en torno al Liceo Manuel Barros Borgoño, razón por la cual he decidido, al menos por ahora, referirme a los hipotéticos autores como Mitógrafo Borgoñino Primero, Segundo y Tercero.

Comenzaré, pues, relatando el mito del Pato Gigante, que es la historia con la que el Mitógrafo Borgoñino Primero abre su narración, si bien el Segundo y el Tercero no la mencionan hasta aproximadamente la mitad de cada uno de sus manuscritos. La historia transcurre en la Bahía Quinterana: el mitógrafo Tercero añade que los hechos tuvieron lugar durante el mes de diciembre de 1536, pero esto no es corroborado por el mitógrado Segundo ni el Primero y resulta altamente improbable. También es posible que el mitógrado tercero haya errado alguna cifra, el cinco por ejemplo, y lo haya escrito en lugar de un nueve, mucho más plausible. De cualquier manera, allí concurre un grupo alumnos recién egresados del Liceo que de suso es dicho para celebrar su salida, intercambiando el agua por el alcohol y el aire corriente por el cigarrillo, de manera que olvidaren todo lo que había ocurrido durante los seis años anteriores. Celebrando una de sus bacanales, pues —las cuales no incluían ninguna bacante habitualmente—, el Sol comenzó a decaer en el horizonte y entonces se hizo visible una enorme sombra justo al frente de él. Aquí hay divergencias de los mitógrafos en cuanto al tiempo durante el cual esta figura, que era la del Pato Gigante, tomó volando hasta llegar a la playa. El Primero dice que fueron tres días, el Segundo asevera que fueron siete y el Tercero afirma que llegó esa misma noche, media hora después de ocultado el Sol. Para otorgarse mayor autoridad, el Tercero cita a un poeta desconocido que habría relatado el hecho de acuerdo con esa misma cronología:


"pues no te tomó, dulce pájaro,
llegar más que un par de horas
y una vez oculto el Sol
tocaron tus pies la costa".

Lo que dice este poeta tampoco parece concordar perfectamente con lo relatado por el mitógrafo Tercero, pero esto puede deberse a los ajustes métricos. La versión más extraordinaria del mitógrafo Segundo dice que, una vez hubo llegado a la playa, el Pato Gigante se fumó a Wilson y Pikiki, dos miembros del grupo que se encontraba allí. Los otros mitógrafos, más realistas, cuentan que los golpeó a ambos casualmente con sus alas mientras aterrizaba, dejándolos inconscientes. Los tres coinciden en que, después del incidente con ellos, el Pato Gigante ejecutó una danza ritual para reanimarlos y se la enseñó a ellos mismos una vez que recobraran la conciencia, de modo que se convirtieron en sus sacerdotes oficiales desde ese mismo instante. El carácter religioso de este Pato no partió con esta danza o, al menos, no del todo según la versión del mitógrafo Tercero: él señala que los alumnos estuvieron ejecutando danzas y cantando fuerte y desentonadamente mientras esperaban al Pato Gigante. La espera del Pato Gigante también es resaltada como un hecho relevante por el mitógrafo Segundo, aunque no con un carácter tan religioso: de acuerdo con él, Pinky Winky estuvo relatando tensamente la Historia de Bolita Cli-Clí durante los siete días que tomó la llegada del Pato Gigante a la costa. Para respaldar su historia, dice citar a Homero (aunque no nos es posible encontrar estas líneas en la Ilíada o la Odisea ni tampoco en los Himnos Homéricos):

"¡Insensatos! Creían estar asegurados de que la Moira se encontraba lejos de ellos, mas no consideraron un riesgo la proximidad del Pato Cua-Cuá sobre la llanura de la sagrada Ilión, y siguieron practicando el onanismo con la esperanza de cultivar su propio cáñamo".

El relato continúa señalando la intención del Pato Gigante de enfrentarse con los Cerdos Voladores, que atormentaban a los alumnos en los sectores aledaños a las playas a lo largo de la Bahía Quinterana. El mitógrafo Primero sostiene que decidió enfrentarlos él solo; pero el Segundo asegura que todos participaron en la expedición, mientras que el tercero omite este detalle. El mitógrafo segundo narra con detalle la batalla contra los Cerdos Voladores, explicando cómo estos bombardeaban con heces el ejército de alumnos dirigido por el Pato Gigante y cómo ellos respondieron fabricando un cigarrillo gigante de cannabis y, ayudados por el aleteo del Pato Gigante, lo encendieron y dirigieron el humo hacia los Cerdos Voladores, quienes resultaron confundidos por el efecto. Después de esto, todos ellos fueron asesinados con escramasajos por los alumnos, entusiastas de haber derrotado a sus enemigos. Una vez vencidos, los tres mitógrafos coinciden en cuanto a que el Pato Gigante los desolló y construyó barcos con sus pieles, conformando una Armada para los alumnos. Él nombró Almirante a PPP y le encomendó la sagrada y heroica misión de recuperar las provincias rebeldes de Peruvia y Boliguay. El mitógrafo Primero afirma que todos partieron con él hacia la expedición en el Norte, pero el Segundo y el Tercero aseguran que él se fue absolutamente solo y que no volvió a ser visto nuevamente hasta un año después, cuando se llevaba a cabo la iniciación ritual de Guzamo en los Misterios Anátidos. El Tercero, además, atribuye este comportamiento al delirio inducido en él por el Pato Gigante, quien le habría hecho creer que las estrellas eran multicolores y que giraban vertiginosamente en el cielo nocturno. Según él, esto se debió a que PPP se negara a participar en la expedición contra los Cerdos Voladores, considerando que era un "problema de pajarracos", por los cuales parecía sentir una particular aversión. La narración del mitógrafo Primero concluye con el inicio de la expedición, mientras que el Segundo y el Tercero se refieren a la iniciación de Guzamo.

Podemos apreciar desde ya ciertas discrepancias entre los autores, lo cual nos confirma que tenían identidades diferentes. Sin embargo, no nos es posible trazar aún alguna línea acerca de quién escribió cada manuscrito. Fuera de esto, los relatos están repletos de detalles irrelevantes, a causa de los cuales salté algunas secciones en la lectura de cada versión y es posible que haya omitido algún detalle que pueda aclarar en el futuro. De todas maneras, el interés de la historia justifica, según me parece, que haya hecho una lectura rápida para comunicar los rasgos generales del descubrimiento que he tenido la fortuna de hacer al leer estos textos.

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