sábado, 18 de junio de 2011

Luciano y la bomba

Examinando algunos cuentos recopilados por los Mitógrafos Borgoñinos, encontré un conjunto de ellos con un título reconocible (lo cual no siempre ocurre) y una letra pi mayúscula (Π) al frente de él. Llama la atención que construyan una versión por completo coherente de la historia a la que se refieren, puesto que lo habitual entre los Mitógrafos Borgoñinos es el desacuerdo en ciertos detalles. Reproduzco, a continuación, los tres cuentos según los encontré en los manuscritos del Mitógrafo Borgoñino Primero, Segundo y Tercero.

1. Malherido.

Ciego, sin manos: sus sueños se desvanecen en la sombra. La imagen de un resplandor repentino se repite en su mente. El dolor inconmensurable y el ardor desesperante. El desgarro repentino de sus dedos. Y ahora se llena de un sentido aún más luctuoso. Consumido por la vejez y la obscuridad, permanece sentado tranquilamente en su habitación de la cómoda y soleada casa de retiro: tal como no esperaba estar durante su ancianidad. El calor moderado hace que sea agradable estar allí. Su sillón se siente cómodo. Todo lo que anheló hacer durante su vida, toda la libertad a la que aspiró, se vio desvanecido en una explosión que él mismo produjo inadvertidamente. Pensaba en la parcela que soñó tener con su amada y su hija: esa vida rural y autónoma que anhelaba para su familia ideal. ¿Cómo sospecharía que su mejor amigo, enamorado de su polola, sería capaz de planear su asesinato? ¿Cómo podría haber imaginado que él lo llegaría a interpretar como un obstáculo para sus metas amorosas, como un genio maligno que confabulaba contra la consumación de un amor ideal, como un verdugo de la persona amada? Todos pensaron que él manipuló inapropiadamente la bomba mientras la instalaba frente al banco. Incluso él creyó desde un principio que algo había salido mal mientras activaba el mecanismo de explosión. Pero Máximo lo visitó hace una semana y le confesó todo. Le reveló todo lo que se había guardado celosamente en lo más profundo de su mente durante cincuenta años. Desde cómo se enamoró de Roxana y, enceguecido, decidió quitarlo a él del camino, hasta cómo su plan se vio enteramente frustrado tanto porque él sobrevivió cuanto porque Roxana lo rechazó cuando ya se había alejado de Luciano y le declaró sus intenciones amorosas. Ella no dejó a Luciano a causa del accidente. Él se volvió sumamente arisco e insensible después de esto. No respondía a o simplemente rechazaba las muestras de cariño. No hablaba. Se negaba a dejar la habitación donde vivía en casa de su madre. Estaba obstinado con permanecer allí en silencio, escuchando música. Un ex-profesor del Liceo lo había visitado poco después desde que volviera de la clínica y le regaló una grabación de la "Pasión según San Mateo" de Bach. Se había obsesionado con escucharla constantemente, una y otra vez. Ya no quería estar con Roxana, aunque toleraba la presencia y los cuidados de su madre. Y la presencia de su hija no hacía más que arrancarle lágrimas. De modo que se volvió tan intratable como para que Roxana decidiera dejarlo. No con la intención de buscarse otro, sino solamente en consideración del desinterés que Luciano mostraba hacia cualquier manifestación afectuosa de ella o cualquier otra persona. Era imposible hacerse cargo de tal desolación para cualquiera que no fuera su madre. Porque el mundo exterior desapareció para él: desde entonces se concentró en su realidad interior y trató de olvidar todo aquello que ya no podría disfrutar plenamente. Pero Roxana terminó de entenderlo apenas un año después.

2. Luciano.

Amigo... ¿Amigo?

Así lo he querido creer siempre. No solo lo creo, sino que lo siento hondamente dentro de mí. Y no lo puedo negar de un momento para otro. Los sentimientos no se levantan en vano en nuestro interior. Por eso mismo es que siento este dolor tan profundo. ¡Y es tan inmenso que ni yo lo puedo abarcar por completo con mi vista! ¡Ah! ¡Me quitaste mis ojos, mis manos, mi vida entera! ¡Y fuiste tan torpe como para no matarme y condenarme a una existencia llena de frustraciones y sufrimiento! ¿Para qué hacer esta confesión ahora? ¿Acaso no he tenido suficiente con haber visto mis sueños destruidos a lo largo de una vida tan anhelante como incapaz? ¡Tenías que ser mi mejor amigo para dañarme así! ¡Porque solo el mejor de mis amigos podría haber tocado las profundidades de mi alma y haber causado tanta destrucción en ella! Yo estaba inerme porque así se está frente a los amigos. Y tú te aprovechaste de mi condición y de mi confianza y de mi cariño. Y no te ha bastado con hacerlo, sino que viniste a jactarte frente a mí de lo que me hiciste. Pero no puedes haber sido tú... Eso no calza con nada de lo que pienso y siento acerca de ti. No puedes haber sido tú. Porque eres mi mejor amigo: no serías capaz de aprovecharte de esa manera ni de dañarme así jamás. Aunque tengas el poder para hacerlo, no lo harías. Yo no te voy a creer eso. Ya no tengo más corazón ni ánimo para tolerar más sufrimiento en mi interior. Quiero puro morirme tranquilo, sin pensar en todo lo que pasó y todo lo que perdí.

¿Sabes que lo imaginé? Pensé que Afrodita se había enojado conmigo después de que, un día, le dije a la Roxana que ni ella requería de divinidad alguna para lucir como la mujer más hermosa ante mí ni yo necesitaba el auxilio de los dioses para hacerla sentir como la más amada. Afrodita es muy celosa: cualquiera lo sabe. Y finalmente no pude hacer nada de lo que le prometí. Ya no merecía amar a nadie. Porque esta es una gracia concedida solamente a los que asumen sus limitaciones. En cambio, yo las tuve que hacer patentes en mi cuerpo antes de reconocerlas. Y hay hueás que te cagan para siempre. Y no solamente me volví incapaz de amar: ya no podría cumplir con ninguno de mis sueños compartidos con la Roxana, pero tampoco con mis sueños individuales. Ni, por supuesto, con los sueños que compartí contigo. Entonces no me quedaba nada. Me convertí de nuevo en el bebito de mi mamá. Y en una especie de carga inútil y molesta después de que ella murió. Al menos me recluyeron en este lugar agradable. Pero tú sabes que esto no es nada de lo que yo quería para mi vida. ¿Es verdad que Afrodita te ordenó matarme? Yo sé que ella es una diosa terrible: capaz de causar esto y mucho más. Dímelo con confianza: yo no me voy a enojar. Ya no puedo acoger más sufrimiento en mi corazón.

3. Máximo.

La única actitud que podía tener ante ella era amarla. Incluso hoy no podría sino amarla. Y esto no es algo que pueda controlar ni cambiar ni detener. Y dime, si quieres, que soy patético y que no tengo dignidad. Al menos eso me dijo ella cuando, después de haberme rechazado, yo seguí insistiendo con mis intenciones amorosas. Pero no te atrevas a insinuar que no tengo corazón, porque este me sobra para amarla aun hoy día. Estoy arrepentido de haberte hecho sufrir tanto y de haber traicionado tu confianza, aquella amistad de piedra, inquebrantable... Pero entiéndeme cuando te digo que mi corazón estaba perdido por ella y que su sola imagen en mi mente era capaz de perturbarme por completo y llevarme a imaginar situaciones imposibles. A veces me parecía que ella era excesivamente amable conmigo y que esto no podía explicarse de otra manera sino como una expresión de un cariño oculto hacia mí. Y también me parecía, de repente, que ella no era feliz contigo: cualquier indicio de disgusto o descontento me parece una señal ominosa y tremenda de que ella estaba sufriendo a tu lado y necesitaba ser rescatada con urgencia. Fue así que pensé en cómo llegar a estar con ella. Pensé que, si tú no estabas, yo podría allegarme a ella, consolarla y, si acaso, hacerla más feliz que tú. Por eso arreglé la bomba para que explotara antes de tiempo y te dejé ir solo y me escondí detrás del quiosco y escapé apenas escuché la explosión. No sabes cuán confuso fue todo para mí entonces. Me desesperé porque no te moriste y no quería que nadie supiera lo que de verdad había pasado. Por suerte, todos creyeron que tú mismo hiciste explotar la bomba. Pero el peso de una verdad así no es para ser llevado por un solo hombre: por eso tenía que decírtelo, no importa cuánto tiempo haya pasado. De verdad no tengo la intención de causarte daño: aún atesoro el sentimiento de nuestra amistad y no pretendo librarme de él. Pero no podía no decirte. Considero inútil pedirte perdón si no puedo devolverte nada de lo que has perdido ni asumir el peso del daño que te causé. Simplemente recibe y asume mi testimonio sincero: para que conozcas toda la verdad, sufras todo lo que tengas que sufrir y odies hasta donde te alcance el corazón. Si sientes que ya has tenido suficiente, llámame y yo vendré. Y te voy a contar más todavía. Pero ya no será nada que me avergüence ni que te haga infeliz. Te voy a contar qué hice de mi vida después de todo eso y cómo llegué a la vejez. Los trabajos en los que estuve, los lugares donde viví y los que visité. Y también cómo llegué a hacerme cargo de tu mantención en esta casa. Sé que esto no compensa para nada todo lo que has pasado, pero tómalo como una muestra mínima de mi sinceridad cuando digo que aún te considero mi amigo. Sé que es absurdo, pero quiero hacer lo posible para que ya no sufras más.